11 de marzo de 2009

Desde el tejado

Desde el tejado la ciudad parece otra. La luz es más intensa durante el día y el viento avanza libre para colarse susurrando entre las sábanas recién limpias que se secan en las solanas. Descubro que los geranios que crecen en las terrazas viejas del sur son aún más hermosos que los que veo a pie de calle. Los pájaros están más cerca y los edificios se presentan sin orden definido. Parece como si alguien los hubiese puesto ahí al azar, al igual que los árboles. El horizonte está más lejos y la ciudad se me antoja por partes incoherente. La distancia hace que el bullicio de la calle se transforme en un murmullo inaccesible.




De noche, las azoteas de los edificios dibujan siniestras siluetas sobre fondo siempre oscuro. Sólo la luna hace visibles los objetos y dirige el rumbo lento de las sombras fantasmales. Condenadas a alumbrar sin importancia, las farolas son apenas pequeños puntos de luz que se ordenan a lo lejos. Casi todos duermen. Soy más consciente del silencio interrumpido por el canto de las aves nocturnas. 
Sólo las lámparas de los insomnes permanecen encedidas.
Los gatos ponen a prueba su equilibrio.
El viento ya no sopla.

10 comentarios:

La gata Roma dijo...

Que te voy a decir yo… Es una gozada vivir en uno, aunque sea blogosféricamente hablando…
Te permite mirarlo todo desde arriba, con perspectiva, algo más lejos de los juicios de los hombres y el ruido de lo absurdo…
Kisses

Pedro dijo...

¡Qué bonito! Es otra forma de ver la ciudad.Te aporto algo: "Las lámparas de los insomnes dejan, con el tiempo, manchas amarillentas en el terrazo grisáceo de la duda"

Melpómene dijo...

El ver todo desde arriba nos proporciona una vista diferente...


Saludos ...

Juanma dijo...

Oiga, joven, qué bien escribe usted...
Tejados y azoteas, ¿desaparecerán con el tiempo? Espero que no y supongo que sí.
Me ha emocionado y encantado tu entrada, querida Té. Deliciosamente escrita. Y me gusta mucho la foto.

Un beso para mi chica favorita (casi seguro que no nos vemos este viernes. Tengo compromisos familiares, ay).

Ricardo dijo...

Una preciosidad de entrada, Te! Quien pudiera vivir en esa azotea viendo, noche tras noche, al bueno de Eastwood pegando tiros como Harry, the Dirty.

Os echo mucho de menos cabrones!! A ver cuando quedamos. Un besaco!

Ludwig Constantine dijo...

Yo es que vivo en un bajo y además tengo vértigo, así que los tejados los veo desde abajo. Lo cual no quita que me encante tu texto, por otra parte.

H. dijo...

Una preciosidad de texto, sin duda, con palabras que invitan a la serenidad. Qué bien me vienen. Un besito.

Carlos dijo...

La azotea, lugar inhóspito poblado de inertes seres metálicos que antaño fue acuarela de ropas el viento,de palomares y hamacas,de poesía y hechizos de lunas y albas.
Y que en tus palabras vuelve a recobrar vida humana,y la ciudad esa imagen que solo desde una azotea puede,tan bien como la expresas,disfrutarse.
Precioso momento Té.
Un abrazo!

dijo...

Es verdad, Gata. Tú puedes disfrutar del placer de la altura siempre que quieras. Besos.

Gracias. Bonita aportación también la tuya. Me la apunto. Un abrazo.

Diferente en todos los sentidos, Melpómene. Desde el tejado la ciudad siempre parece otra. Saludos.

Juanma, gracias. Yo no creo que desaparezcan las azoteas. Siempre habrá nostálgicos del sol por las mañanas y de las noches de verano en las terrazas. Al menos en ciudades como esta, ¿no crees? Mil besos.

¿Rich? ¡Qué sorpresa! Pues nos vemos ya mismo. El viernes es mi cumple. Fiesta ochentera. Ya te contaré...

dijo...

Deberías, Ludwig, probar a subir de vez en cuando. Dicen que la mejor forma de perder el miedo es enfrentándose a él.

Me alegro, H, gracias. Un beso.

Qué bonito, Carlos. Hamacas, poesía, hechizos de lunas y albas. Veo que las alturas también te inspiran. Un abrazo.