16 de junio de 2009

Café de noche

El único sitio en el que servían café a esas horas era el hostal de la esquina. Cuatro plantas, tres estrellas, terraza con palmeritas para turistas estresados y cafetera incombustible. Solía ir allí cada noche desde que Lucía me abandonó. Es curioso. Ella nunca dejó de criticar mi adicción a la cafeína y yo nunca dejé de lamentar mi soledad ante la taza imprescindible de café que bebía cada madrugada. No sé cómo no me di cuenta antes de que lo nuestro era imposible.

       Hacía un calor asfixiante esa noche, húmedo y denso, como de clima tropical. Apenas había puesto un pie en la entrada cuando Raúl me saludó desde la barra. Me senté en uno de los cuatro taburetes que quedaban libres. Y entonces la vi. Era una mujer joven, con elegante sombrero de ala ancha, carmín granate y un único guante negro. Parecía como sacada de los años veinte. Miré el reloj y eran las dos menos siete minutos de la madrugada. La señorita bebía café solo.

        No crucé una palabra con ella. Nunca. Me limité a hacer lo que siempre había hecho: sentarme en la barra del hostal, beber café y regresar a casa. Recé para que ella volviera a la noche siguiente. Y volvió. Me acompañó sin saberlo ante la soledad de mis madrugadas durante cinco días, pero no crucé una palabra con ella. Ni siquiera escuché su voz. Siguió impresionándome con sus sombreros de ala ancha, sus guantes largos y la marca de carmín granate en su taza de café solo, hasta que una noche desapareció para no volver nunca. Llegué a la misma hora de siempre, pero ella ya no estaba. Raúl me saludó desde la barra y me apresuré en preguntarle por la joven.

¿Qué joven?— fue su respuesta.

La chica que ha estado aquí esta semana. La del sombrero y los guantes. Esa que parecía como sacada de una novela de los años veinteacompañé mi torpe explicación con espontáneos y absurdos movimientos de manos, esforzándome por señalar una y otra vez el taburete que la chica misteriosa había ocupado noches atrás.

Creo que se está volviendo usted loco—. Raúl me miró extrañado, como esperando una respuesta coherente por mi parte.

Tardé unos segundos en reaccionar.

Es igual. Ponme un café solo.

23 comentarios:

María Socorro Luis dijo...

Me ha gustado muchísimo tu texto ¿ fantástico ?... Me encanta ese final abierto y la inquietud que deja en el aire.
Porque es muy facil pensar que fue una alucinación, uma imagen producida por la soledad del protagonista. Pero a mí en estos casos, siempre me voy más allá...

No sé si pensarás que es raro que escriba esto, pero yo que soy apasionada del mundo fantástico, me da por pensar en...

Y paro, dime ¿cuál ha sido tu idea?...

Un fuerte abrazo. Y gracias por compartir.

Soco

marimonti dijo...

¡Maravilloso, Té!
Corto relato pero intenso,estremece pensar en la noche, la imaginación, la soledad...
Cuantas veces una taza de café me ha hecho sentir acompañada cuando en realidad estaba sola, estar sola cuando estaba rodeada de gente, me ha ayudado a salir del tedio...
Una taza de cafe y un cigarrillo, a veces, no necesito más.
Besos, mi niña

Drolko Niagara dijo...

Después de hablar contigo sobre este relato, me confirmas que prefieres un final abierto. ¿Quizás por que las explicaciones son innecesarias?, ¿porque confías en la capacidad de análisis del lector, o su capacidad intuitiva? ¿Quizás sea sencillamente porque de esta manera el relato es lo que cada uno en el fondo desea? Y simplemente he llegado a la conclusión de que me gusta, muy en tu linea respetuosa y romántica al tiempo que bohemia y misteriosa. Sigue así, vas en buen camino. Un saludo.

Canónigo Alberico dijo...

ese cuadro esta en la pared de mi casa, estoy por poner tu texto debajo

Gabiprog dijo...

La rutina y la soledad moldean la realidad. En ocasiones con intimidad... otras veces siembran trampas.

Un abrazo.

Moe de Triana dijo...

A las do de la madrugá se va a tomar un cafelasso Sanani miarma.


Intrigante relato...


Un saludasso.

La gata Roma dijo...

Pues contradiciendo a Moe, yo a esa hora he tomado café muchísimas veces, de hecho puedo indicar un par de sitios donde mantienen la cafetera nocturna, para gente como yo… Incluso este invierno me aficioné a un combinado “Café Wodka”, es café sólo, wodka caramelizado y vainilla en polvo; una maravilla.
Kisses

P.S. Muy interesante el relato, sorry, es que me emocioné con el café y se me pasaba, jejeje

Pedro dijo...

Bueno, bueno...¿Otra vez? Tus relatos van a crear en mí la misma adicción que la cafeína al protagonista. Me vuelves a dejar en ascuas. ¡Santa María! ¿Lo soñó? ¿Fue real? El prosaico Raúl nos da una pista. "Creo que se está volviendo usted loco" Pero no es definitiva. Ardo en deseos de verte y hacerte un montón de preguntas. O no. Quizá es mucho mejor seguir con esta sensación de duda y final plural...

Navegante Del Alma dijo...

Inquietante tu manera de relatar, me he quedado sorprendido con este relato y con tu blog, volveré para recorrerlo más minuciosamente.
Mientras tanto, te dejo un beso.

América dijo...

Hola Té gusto en saludarte de nuevo,que entrada!!!!,me he quedada en el borde de la silla,enigmatico texto,pleno de imagenes.

Un abrazo!

Carlos dijo...

Lo reitero de mi anterior lectura. Si ya tus artcículos son muestra de que existe aún periodismo independiente y de calidad, tus minirrelatos delatan que tus palabras no son solo producto de una carrera sino de un don innato para escribir.
En apenas espacio, una barra, en apenas tiempo, un café, en apenas diálogo, un saludo, y creas una historia mezcla de sueño y realidad, que asciende como el aroma del café hasta nosotros.

Un abrazo

El callejón de los negros dijo...

Muchas veces he querido acercame a alguna de esas chicas que toman café a las dos de la mañana. Nunca fui capaz.

Antonio

mamen dijo...

¿Qué pasaría si el violinista de "Vértigo" y la dama de "Café de noche" se encontraran alguna vez en alguna parte?
Besos té-soro.

mariapahn dijo...

Es lo que tienen los excitantes...que te hacen ver cosas que tal vez no existan...jejeje
En realidad me ha encantado el texto, porque me ha parecido taaaaaan visual, me he sentado en el bar y ¡fijate! todavía huele mi habitación a café recién hecho...ummmm

¡Enhorabuena Té! Cada día te luces más ¡hija! Un besito

El callejón de los negros dijo...

Estoy con María, plasmas lo visual de una forma magnífica.

Antonio

Octavio dijo...

Qué bien narras, Té. Me ha parecido vivir alguna vez esa escena de apariciones...
Ahora me marcho de vacaciones, voy a desconectar de todo esto por dos meses. Y te echaré de menos, a ti y a tus compañeros de la radio. Besos y abrazos para todos.

Aïcha dijo...

Que me gusta el café solo. Que a veces se vuelve acompañado por la invisibilidad del lugar.

Carlos dijo...

Hola Té!
Espero que estés bien y pasando unas geniales vacaciones!

Un abrazo!

Jorge Ampuero dijo...

Buen texto y con ignoto aroma a café en el ambiente:)

Salud!

dijo...

Gracias, Soco. Prefiero que el final sea el que tú quieras que sea. Un abrazo.

Café, cigarrito y, si es posible, una compañía tan buena como la tuya, Marimonti.

Sí, Drolko, lo mejor es el final que cada uno desea. Yo me quedo con el mío.

Genial, Canónigo. Todo un honor.

Bonita reflexión, Gabiprog.

Pues aunque parezca mentira, Moe, yo me he tomado más de un café de noche.

Ahí estamos, Gata. No he probado el 'café vodka', pero tiene muy buena pinta.

Lo de 'final plural' me encanta.

Gracias, Navegante. Nos seguimos leyendo.

Igualmente, América. Un placer verte por aquí.

dijo...

Me dejas sin palabras, Carlos. Mil gracias. He andado un poco perdida últimamente, pero ya estoy de vuelta.

Pues, Antonio, la Gata y yo no andamos tan lejos. Un abrazo.

Me encanta la idea, Mum. Escribiré algo sobre ese encuentro.

Qué rico, café recién hecho. Muchos besos, Mariapahn.

Nosotros ya te echamos de menos, Octavio. Besos y felices vacaciones.

¿Café solo acompañado por lo invisible del lugar? Precioso, Aïcha.

Gracias, Jorge. Salud de vuelta.

El callejón de los negros dijo...

Lo tendré en cuenta cuando vuelva a la noche...

Antonio

el aguaó dijo...

La soledad a veces se traga a las personas sin engullir. Incluso las convierte en fantasmas pasarejos, visibles tan sólo por sus congeneres.

"No sé cómo no me di cuenta antes de que lo nuestro era imposible", más que imposible, yo diría "improbable".

Otro regalo de pinceladas sutiles.

Y más besos.