26 de agosto de 2016

Sinceramente

No me gusta definirme porque las palabras encasillan y acortan el espacio del movimiento. Pero hace años que sucede en mí una búsqueda del tiempo y del sentido, del por qué de esto o aquello. 

Del saber qué es lo quiero, 
a qué vengo, 
que ya tengo 32. 

Sé que el tiempo no es flexible y que quedan apenas algunas sobras de lo que nos prometieron... Y noto cómo la vida se nos va derramando entre los pliegues de los años.

                     > Todo esto me empuja siempre a pensar 
cuánto de futuro hay en cada presente. 

Ahora, por suerte, mi inquietud es compartida. 
Le encontré, a él, y le dije que sí quiero. 

Y lejos de convertirnos en lo que se supone que toca ahora, nos sacudió esa furia que nos venía persiguiendo. 

Así que acordamos que quizás el futuro pasa por empezar en otra parte. 

Al fin y al cabo ya estuvimos lejos 
y el mundo es mucho mundo, 
y la vida es solo una, 
y al miedo, 
que le corten la coleta.