6 de abril de 2017

Reflexiones por el mundo


Quise ver el mundo como es y no como lo nombro.
Quise encontrarme de frente con la niña que me habita.

Vine buscando una razón para liquidar el miedo a matar el tiempo mientras se te va la vida, y esa imprudente manía de enjuiciar sin conocer la diferencia.

Y quiero contarte lo que hasta hoy aprendí.

Cumplida nuestra promesa y nuestro afecto, he conocido el amor sin interferencias, y he aprendido a ser más paciente con todo aquello que tengo sin resolver, que ya es bastante.

He tenido que andar muchos kilómetros para darme cuenta de la importancia de agarrarnos a la vida y detenernos cada poco a contemplar este milagro.

Separar las manos y entre ellas dejar el hueco justo para que el presente quepa. Agruparlo todo aquí y ahora, a pesar de que el futuro y el pasado se asomen, una y otra vez, reclamándonos respuestas.

Porque si no aprendes a darle a la vida
espacio y capacidad para que llegue y hable
y te posea las dos manos,
para que pueda acomodarse y te recuerde
que lo que importa está en ese espacio,
justo entre las dos palmas,
renunciarás a su hueco ilimitado,
y obviarás toda su potencia.

A veces me asalta el temor a olvidarlo nuevamente. Y por eso escribo esto. Para recordarme que el mundo no es lo visto, sino todo lo que existe.

Todo el presente en su infinito transcurso.


18 de mayo de 2016

Si no te vas, no te quejes

Te quedas y te quejas,
sin pararte si quiera a pensar
que es una contradicción
querer hacer y no hacer nada.

Mírate. 
Con esas magulladuras
y ese andar siempre despacio
sin alterar en lo más mínimo la trayectoria.

Te quedas pero te quejas 
de que el primer café siempre es con prisas,
de que se acaba el mes y no llegas,
de que ves poco a los niños...

Te quejas pero te quedas
con el alma amordazada,
los sueños encogidos en la garganta
y ese miedo abrazándote por las noches

Si no te vas, no te quejes, 
porque sabes perfectamente
que el tren el que viajas
viene ya de vuelta.

Y en los regresos no hay futuro.

28 de marzo de 2016

Hijos de la guerra

Ahora sé que el infierno 
está en la tierra, 
en el presente,
en el cielo vacío 
de pájaros blancos,
y en las noches heladas
en las que los hombres
se ven obligados 
a abandonar sus casas, 
a circundar el alambre
con las manos desnudas.

Y caen,
     caen,
        caen... 

Hasta encogerse del todo

y asir la mordaza 
bañada en sangre,
y sentir la presión 
del nudo del llanto
en sus gargantas.  

Y sus hijos hambrientos, 

desubicados en el extremo,
ahogados en la playa
u obligados a doblarse,
a ser en otra parte, 
a caminar sobre el polvo 
para alcanzar la nada,
el desamparo, 
el darse la vuelta 
a las puertas del templo.

Ahora sé que infierno
está en el despacho
del hombre del lobby,
que cada lunes
saca brillo a su misil,
esforzándose 
por aventar las cenizas
de las ilusiones ajenas,
o por hacer llover la metralla 
sobre el cielo,
que ya no es cielo
ni es nada. 



15 de enero de 2016

He aprendido

He aprendido que es la vida la que te va enseñando
quién sí, quién a veces
y quién nunca.

Que la felicidad no es destino si no talante,
y que el amor puede llegar de repente
y arrugarte los esquemas.

Que si tú no construyes tu sueño,
alguien te pagará para que construyas el suyo,
y que el paso del tiempo es implacable,
pero el crecimiento es opcional.

He aprendido que hay amigos
que se convierten de repente en extraños,
que los deseos no cambian nada,
y que las decisiones lo cambian todo.

Que el que lo cree y lo quiere, si lo sigue lo consigue,
y que el dolor es inevitable,
pero la pena es una elección.

Que el para siempre en ocasiones termina,
que si te caes es porque puedes levantarte,
y que el desafío y el riesgo, a veces, son la oportunidad.

He aprendido que la mejor opción es cuidar el presente,
porque ahí es donde vas a vivir
toda la vida.

2 de enero de 2016

20 de octubre de 2015

Personas grises

Existen personas grises, de escasa reflexión moral, que viven bajo un velo envanecido,
opinando siempre y sobre todas las cosas.

       Es una muestra tan amplia
       como la propia clase humana.

Las personas grises, a pesar sus recursos, desarrollan cierta vocación periférica, suburbial,
y se mantienen siempre en esa línea vanidosa y petulante.

      Si tuvieron o no instrucción positiva,
      lo han olvidado.

Sin embargo, las personas grises son incapaces de advertir
las miserias propias.

      Por eso, con frecuencia, son absorbidas por esa desagradable mezquindad,
      ese subproducto chabacano y arrogante. 

Y así, con la vida y a pesar de ella,
las personas grises viven condenadas sin saberlo,
e incapaces de guardar silencio,
envejecen haciéndose notar entre los pliegues mustios de los años.

16 de agosto de 2015

Microcuento

Voy a esconder todo el agua a mi alcance
para que nunca se apague lo nuestro.