26 de agosto de 2016

Sinceramente

No me gusta definirme porque las palabras encasillan y acortan el espacio del movimiento. Pero hace años que sucede en mí una búsqueda del tiempo y del sentido, del por qué de esto o aquello. 

Del saber qué es lo quiero, 
a qué vengo, 
que ya tengo 32. 

Sé que el tiempo no es flexible y que quedan apenas algunas sobras de lo que nos prometieron... Y noto cómo la vida se nos va derramando entre los pliegues de los años.

                     > Todo esto me empuja siempre a pensar 
cuánto de futuro hay en cada presente. 

Ahora, por suerte, mi inquietud es compartida. 
Le encontré, a él, y le dije que sí quiero. 

Y lejos de convertirnos en lo que se supone que toca ahora, nos sacudió esa furia que nos venía persiguiendo. 

Así que acordamos que quizás el futuro pasa por empezar en otra parte. 

Al fin y al cabo ya estuvimos lejos 
y el mundo es mucho mundo, 
y la vida es solo una, 
y al miedo, 
que le corten la coleta. 



                        > Por todo esto puedo decir 
que hoy soy más libre que nunca.

18 de mayo de 2016

Si no te vas, no te quejes

Te quedas y te quejas,
sin pararte si quiera a pensar
que es una contradicción
querer hacer y no hacer nada.

Mírate. 
Con esas magulladuras
y ese andar siempre despacio
sin alterar en lo más mínimo la trayectoria.

Te quedas pero te quejas 
de que el primer café siempre es con prisas,
de que se acaba el mes y no llegas,
de que ves poco a los niños...

Te quejas pero te quedas
con el alma amordazada,
los sueños encogidos en la garganta
y ese miedo abrazándote por las noches

Si no te vas, no te quejes, 
porque sabes perfectamente
que el tren el que viajas
viene ya de vuelta.

Y en los regresos no hay futuro.

28 de marzo de 2016

Hijos de la guerra

Ahora sé que el infierno 
está en la tierra, 
en el presente,
en el cielo vacío 
de pájaros blancos,
y en las noches heladas
en las que los hombres
se ven obligados 
a abandonar sus casas, 
a circundar el alambre
con las manos desnudas.

Y caen,
     caen,
        caen... 

Hasta encogerse del todo

y asir la mordaza 
bañada en sangre,
y sentir la presión 
del nudo del llanto
en sus gargantas.  

Y sus hijos hambrientos, 

desubicados en el extremo,
ahogados en la playa
u obligados a doblarse,
a ser en otra parte, 
a caminar sobre el polvo 
para alcanzar la nada,
el desamparo, 
el darse la vuelta 
a las puertas del templo.

Ahora sé que infierno
está en el despacho
del hombre del lobby,
que cada lunes
le saca brillo a su misil,
esforzándose 
por aventar las cenizas
de las ilusiones ajenas,
o por hacer llover la metralla 
sobre el cielo,
que ya no es cielo
ni es nada. 



15 de enero de 2016

He aprendido

He aprendido que es la vida la que te va enseñando
quién sí, quién a veces
y quién nunca.

Que la felicidad no es destino si no talante,
y que el amor puede llegar de repente
y arrugarte los esquemas.

Que si tú no construyes tu sueño,
alguien te pagará para que construyas el suyo,
y que el paso del tiempo es implacable,
pero el crecimiento es opcional.

He aprendido que hay amigos
que se convierten de repente en extraños,
que los deseos no cambian nada,
y que las decisiones lo cambian todo.

Que el que lo cree y lo quiere, lo sigue y lo consigue,
y que el dolor es inevitable,
pero la pena es una elección.

Que el para siempre en ocasiones termina,
que si te caes es porque puedes levantarte,
y que el desafío y el riesgo, a veces, son la oportunidad.

He aprendido que la mejor opción es cuidar el presente,
porque ahí es donde vas a vivir
toda la vida.

2 de enero de 2016

14 de noviembre de 2015

París


Matar a una persona para defender una idea
no es defender una idea,
es sólo matar a una persona


20 de octubre de 2015

Personas grises

Existen personas grises, de escasa reflexión moral, que viven bajo un velo envanecido,
opinando siempre y sobre todas las cosas.

       Es una muestra tan amplia
       como la propia clase media.

Las personas grises, a pesar sus recursos, desarrollan cierta vocación periférica, suburbial,
y se mantienen siempre en esa línea vanidosa y petulante.

      Si tuvieron o no instrucción positiva,
      lo han olvidado.

Sin embargo, las personas grises son incapaces de advertir
las miserias propias.

      Por eso, con frecuencia, son absorbidas por esa desagradable mezquindad,
      ese subproducto chabacano y arrogante. 

Y así, con la vida y a pesar de ella,
las personas grises viven condenadas sin saberlo,
e incapaces de guardar silencio,
envejecen haciéndose notar entre los pliegues mustios de los años.